Muñeca Abierta. Errores, calor, belleza, gordos y flacos

25 junio 2012 por Javier Menéndez

Vuelve a ser lunes, pero este no es un lunes cualquiera en este lado. Hoy hemos tenido que batallar con el cierre del número especial Dogway Around The World y, como si una señal chistosa del destino se tratase, ha supuesto todo un mundo al que darle mil vueltas. Tampoco es un día fresco… mi mente está recalentada tras un intenso fin de semana junto a Miguel Cidraque, Juan LaTorre y Alex Massotti como expedición representante de nuestro país en la Osiris 20120625-171305.jpgExperience de Amsterdam. Allí pasamos algo de frío, pero la vuelta a casa nos devolvió a la fogosa realidad y cuerpo, mente y ordenador han sufrido las consecuencias de tan ajetreada y cálida mañana. Siento el cerebro en servicios mínimos, el cuerpo de baja por invalidez parcial y la computadora como uno de esos hierros incandescentes con los que marcan a las vacas. Cerré el portátil nada más enviar las correcciones de la revista (sabiendo, como siempre, que algo me dejo sin corregir) y emprendí mi plan de huida. Salí de casa con el móvil en la mano a sabiendas de que con sólo abrir la puerta ya tendría algo hermoso que mostrar. Preparé la cámara, atravesé el cerco y giré 90 grados a la derecha. ¡Click! Pantalones cortos, faldas, hombros, escotes… ya lo he contado muchas veces, salir de mi casa es entrar en un paraíso de la carne (que, por cierto, poco tiene que ver con el que visitaba hace algunas horas en el Barrio Rojo de Amsterdam). Una calle después y con el cuello algo afectado por el rastreo de las virtudes de mis convecinas, un paquete de cigarros y un café para llevar completan lo que necesitaré en mi nueva oficina. Estoy sentado en el suelo rodeado de esos elementos. Intercalo un sorbo con unas cuantas palabras y un poco de humo con más palabras. Escribo con mis toscos dedos en las minúsculas teclas del móvil y siento que momentáneamente tiene sentido llevar un cacharro tan tecnológico en el bolsillo. Escribo cansado y deseando más patinar que escribir sobre ello, pero aún me quedan algunas horas de trabajo antes de poder echar el patín al suelo. Tengo mucho que hacer y se que tendré que sacrificar algunas de las tareas por falta de tiempo, pero no he querido faltar a esta cita con la columna de opinión que me he fijado los lunes y, en lo que debiera ser un rato de descanso, aprovecho para ordenar mis pensamientos mientras mi computadora toma aliento. Todo parece hablar de agotamiento. La batería del teléfono me alerta de que ella también se ha saltado la comida y siento que puede que lo que estoy escribiendo esté destinado a perderse; que sólo servirá para que yo haga un ejercicio auto compasivo y después desparecerá para siempre tras un icono rojo que alerta del inminente apagado del cacharro. Es lunes, ya lo he dicho y no hacia falta que lo dijese para que lo supieses. Como tantos días iguales a este estoy más cansado que el viernes, pero esta vez ha sido no patinar lo que ha traído el agotamiento. Tras muchas horas arañando la madera del Skatepark Of Amsterdam con los dientes largos que se nos pusieron a Miguel, Juan y a mi (que no llevamos patín), la mendicidad puso algunos a nuestro alcance y al menos pudimos sentir la suavidad del parque. Fueron 2 patines diferentes los que cayeron en nuestros pies y ninguno de ellos estuvo a la altura de las circunstancias. Ya sabes lo que como va esto… el patín es como el/la novi@ y, aunque puedas encontrar atractiv@ el/la de los demás, es con el/la tuy@ con el que mejor y más cómod@ te sientes. Para hacerte saber más sobre el resultado de la infidelidad a nuestras tablas echo mano de un vídeo que hoy publicaba Miguel en su blog Go-Shred. Vérnoslas con un monopatín anoréxico y después con uno pasado de kilos nos hizo extrañar aún más nuestros monopatines y, aunque el balance de la experiencia holandesa es más que positivo, todos los presentes aprendimos una lección que nos acompañará de por vida: por muy laboral que sea un viaje y las pocas posibilidades de patinar que veas, no vayas a ningún lado sin llevar el skate o lo pagarás con los latigazos que te asestará la realidad. No volverá a pasar… al menos lo de viajar sin patín… lo de tener un lunes de rock and roll seguro que va a ser algo a lo que terminar acostumbrándose. Así es esta vida y así, como buenos cuentavidas, se la hemos contado. Hasta la semana que viene… Muñeca Abierta no entiende de calores…

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