Muñeca Abierta. Historias de la P#t@ Mili
La nostalgia, ese pesado lastre que tan bien encajamos, nos ayuda a sentir que importamos y aportamos. Desde compartir recuerdos y referentes culturales con toda una generación hasta sentir que se han escrito capítulos de la historia de esto o aquello, echar la vista atrás en modo idealización nos la pone “morci” e incluso hace que nos sintamos mejores que los que han venido tras nosotros. Así es; las batallitas de “mili” propias de nuestros padres (de los que acariciamos o sobrepasamos la treintena) son, a falta de experiencias pseudo-bélicas-etílicas, acerca de viajes, grupúsculos de hembras despuntando la adolescencia y (en nuestro caso concreto) patín, mucho patín. A la mayoría de los de mi generación no nos obligaron a coger el fusil y, carentes de soniquetes de cuartel, con lo que se nos cae la baba es recordando a voz en grito aquellos patineos que hoy teñimos de “tiempos mejores”. El pasado fin de semana viajé hasta Alcobendas para asistir al Stance Park Series y, tras 10 años sin aparecer por allí, comprobé que sus duras transiciones y yo seguimos siendo altamente incompatibles. Igualmente y, pese a ser un parque en el que me aburro como una monja en el Zara, puedo decir que el soniquete de historias que escuché y relaté me hizo sentir que aquel viaje eran los 60 pavos mejor invertidos del año. Tras patinar a medio gas, dejé paso a los grandes de las “transis” y asístí a un encuentro entre patinadores que me vieron niño y otros a los que yo vi serlo y ya enegrecieron a la altura de la ingle. Tanto en el parque como en la cena y en el concierto posterior me sentí parte de algo que viene de muy atrás y que tiene mucho camino por delante. Un chaval se acercó a decirme que tenía un póster mio en la puerta de su habitación y sólo necesité girar la vista para ver hacer un tranfer en la pirámide a un Ordóñez que en su día decoró la pared de la mía. Sentí que fui, que soy y que seré y, con ello, me recorrió por el cuerpo algo que es infinitamente más grande que yo y que convierte el sentimiento anterior en un fuimos, somo y seremos. La saga continua señor@s… que gusto da comprobarlo y, una vez más ¡que grande es el skateboarding! Salud. Buena semana a todos… os dejo con algunas fotos y os cito para más prosa mamarracha en la próxima entrega de Muñeca Abierta, la columna de opinión de cada lunes.
Los niños que ya no son tan niños.
Jerson Ajenjo haciendo un blunt body variant tantos años después.
Oso, ese tió que me hizo desear aprender a grindar de frontside en el cemento del Sindical.
David Sánchez demostrando que ese es su parque.
La pole position: Lozano, Kako, GTX, Jaime Ruíz, Pichu…
Edu “Mac” García y Alvaro Molina. Reporteros de nuestra historia.
Concierto debut del grupo de David Sánchez, Metal y un tercer compinche que no conozco. Punk hoy como ayer… otro motivo para pensar que la llama sigue encendida.

























Hay una barrera que, pese a no ser insalvable, si que suele ser una prueba costosa de superar. No es uno de esos muros que separan a los pueblos ni una de esas fronteras que categorizan humanos de primera y segunda… no, esta es una línea que se cruza y sólo deja una huella visible (o invisible) en uno mismo. Esta fase afecta a cada persona de forma distinta dejando claro que eso de sentirse especial algo tiene de base científica, pero hay que reconocer que los patrones y clichés también agrupan a la masa y, sumado a lo confuso de arrancarse el 2 como número por el que empieza la edad, cumplir 30 años es siempre un punto de reflexión y desconcierto.
Estoy seguro de que nunca os habíais imaginado que el músico
Esta ya es la quinta entrega de la columna de opinión en la que trato de entreteneros cada lunes con alguna curiosidad o tema destacable. En esta ocasión 





